¿Cómo voy a culpar al viento por el desorden que hizo, si fui yo quien abrió la ventana? Últimamente he leído esa frase con frecuencia; se la atribuyen a Mario... Creo que es un punto de partida que nos hace caminar hacia nuestra cuota de responsabilidad en las cosas no tan buenas que nos pasan, esas que de vez en cuando nos dejan en cenizas, porque de vez en cuando la gasolina que hace que el fuego nos consuma viene de nuestras manos, por un sinnúmero de razones que quizás en esos momentos no vemos, pero que indudablemente están ahí. Y pues, hay que ser muy valiente para aceptar que el viento desordenó simplemente porque abrimos un camino para que pasara a destruir todo a su paso, pero no quiero escribir sobre nuestra responsabilidad en todo eso, quiero escribir sobre el dolor de tomar conciencia de ello. Es que, ¿acaso nos importamos tan poco a nosotros mismos que somos capaces de prolongar nuestra propia agonía? Porque al final del día, lo malo no es que el viento entre p...
El problema soy yo, que los sábados me quedo en casa, que lloro con los deportes, que no me "arreglo" lo suficiente y no me tomo suficientes fotos, que me emociono mirando anime. El problema soy yo, que prefiero decir las cosas a callarlas. El problema soy yo, que no espero que sean adivinos, ni adivinar al otro. El problema soy yo, que no ando buscando atención o validación en otros lugares. El problema soy yo, que soy fiel desde que empiezo a hablar con alguien. El problema soy yo, que sé lo que quiero. El problema soy yo, que cuido demasiado. El problema soy yo, que ni siquiera se me corre el maquillaje si lloro, porque no uso. El problema soy yo, que me falta la superficialidad necesaria. Para que alguien quiera mostrarme en su mundo. El problema soy yo, que me oculto a plena vista; sin embargo, nadie me ve. El problema soy yo, que creo en el amor de verdad. El problema soy yo, que profeso respeto a la persona a quien elijo. El problema soy yo, que he olvidado que por n...
Por primera vez quise elegir algo distinto al silencio matutino mientras tomo café y resulta que la vida solo jugaba conmigo. Justo ahora, con mi café en mano, me doy cuenta de que lo que pensé que era mi elección resulta que es lo que me toca en la vida. El café, el silencio matutino, la música en los auriculares La casa vacía.
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