Viento, Ventanas, Grietas I


¿Cómo voy a culpar al viento por el desorden que hizo, si fui yo quien abrió la ventana?

Últimamente he leído esa frase con frecuencia; se la atribuyen a Mario...

Creo que es un punto de partida que nos hace caminar hacia nuestra cuota de responsabilidad en las cosas no tan buenas que nos pasan, esas que de vez en cuando nos dejan en cenizas, porque de vez en cuando la gasolina que hace que el fuego nos consuma viene de nuestras manos, por un sinnúmero de razones que quizás en esos momentos no vemos, pero que indudablemente están ahí. 

Y pues, hay que ser muy valiente para aceptar que el viento desordenó simplemente porque abrimos un camino para que pasara a destruir todo a su paso, pero no quiero escribir sobre nuestra responsabilidad en todo eso, quiero escribir sobre el dolor de tomar conciencia de ello. 

Es que, ¿acaso nos importamos tan poco a nosotros mismos que somos capaces de prolongar nuestra propia agonía? Porque al final del día, lo malo no es que el viento entre por esa ventana que hemos abierto; al final del día, lo que realmente duele es ver cómo nos quedamos ahí parados y pasmados mientras el viento desordena todo. Sabemos que podemos cerrar la ventana y nos quedamos inmóviles hasta que no queda nada por salvar. Dentro, nos hacemos tan pequeños y luego se vuelve difícil quitarse todos esos escombros de encima.

Y eso, cuando finalmente cierras la ventana, es lo que duele: saber que pudiste haberlo hecho a tiempo y no lo hiciste, porque quizás algo muy dentro de ti esperaba que el viento fuera gentil, suave, casi como un murmullo, ese viento que te roza la cara mientras te da el sol en una fresca mañana de verano. Es parte de la vida que haya épocas donde lo único que conocemos es el ras del suelo y a veces resulta hasta gracioso porque tan pronto cerramos esa ventana, en un salto de fe vamos y abrimos una puerta. 

Supongo que esa es la vida: abrir ventanas, puertas, grietas, dejar que las tempestades nos destruyan, ponernos de pie y continuar, pero ojalá que la próxima vez que te toque cerrar una ventana puedas hacerlo a tiempo. Ojalá entender a tiempo que nadie cerrará nada por nosotros porque, para empezar, fuimos los únicos responsables de permitir el desorden a causa del viento que entró por la ventana que abrimos.

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