Uno
Quizás lo que la vida me tiene guardado es mesa para uno.
Dos copas de vino, solo se llena una
Dos platos marrones, solo se usa uno
Diez tazas para el café, solo se usa una o dos, o cinco, pero no se confunda que no hay invitados, solo innumerables Mokas de café al día
Dos sillas, solo se usa una
Dos plazas en la cama, solo se ocupa una
Dos juegos de llaves, solo se usa uno
Dos juego de cubiertos, solo se usa uno
Dos vasos de agua, a veces ni uno se usa
Velas y deseos de cumpleaños para uno
Comida para uno
Cine para uno
Como si los 11:11 no fueran suficiente
Cuando creer se convierte en lección...
El otro día haciendo inventario descubrí que hace meses duermo en el centro de la cama y en diagonal, empecé a tomar el enjuague bucal del envase (obsesiva con esas cosas, pero en este punto qué importa), al final del día todo se resume a uno.
Acaso caminar acompañado entorpece nuestra marcha y por eso la vida se empeña en hacernos recorrer el trayecto solos, porque te niegas a negociar lo que das...
Y aunque de vez en cuando es bueno la mesa para uno, también se necesita un espectador al otro lado, ese que al parecer no existe para mi.
Alguna vez me preguntaron si yo saldría con alguien como yo. Y pues, claro que sí; ojalá (y todo lo que ahí cabe).
Al final no se trata de tener miedo a estar solo, adoro el silencio y la paz de la soledad en las mañanas o en cualquier momento del día, no se trata de llenar un espacio, no se trata de completar nada; lo que realmente me aterra es sentirme tan cómoda en la soledad que cualquiera de estos días dejo de sentir y que en definitiva ya absolutamente nada importe, miedo a perder mi capacidad de ver más allá en las personas y ser alguien vacía que solo respira, porque sé que una vez decido algo, ya no hay vuelta atrás.
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