A nadie hay que “abrirle los ojos para que nos vea”, a veces solo hay que pirarse de ese lugar, sin explicaciones, sin ruido, sin huellas para que sigan nuestros pasos; esfumarse como si nuestra existencia misma hubiese sido mentira. Como esas mentiras que nos contamos mientras esperamos a que al otro lado de la habitación finalmente el objeto de nuestro afecto realmente nos vea y como en un acto de magia diga: "Es aquí y no en ningún otro lado." No hay que abrir los ojos a ese alguien que no quiso mirar, que no quiere mirar, que no va a mirar. A nadie hay que pedirle que comprenda lo que eres y que mire más allá para entender tu alma Pero ojalá, ojalá que en algún momento de esta intransigente vida tu día se detenga y de repente, solo por un segundo algo de mi te inunde el pensamiento y finalmente me veas y finalmente decidas; es solo un deseo, de esos imposibles que a veces invaden el espíritu Aunque quizás, me estoy queriendo reflejar en los oj...